martes


Le quería. Ella le quería con cada parte de su cuerpo, tanto que dolía su sola existencia. Dolía porque sabía que tan solo había sido un sueño. Algo que se escapa de las manos en un suspiro, algo demasiado efímero. Y eso era lo que dolía, que ni todo el tiempo del mundo le hubiera parecido demasiado.

Y huyó. ¿Qué más podía hacer? Huir. No podía soportar la idea de ver su sueño siendo cumplido, pero sin ella. Y así le fue.

¿Qué ocurrió?

Nunca más pudo volver a ser como había sido. Esa felicidad plena, el poder entregar el corazón al cien por cien a otra persona, a sí misma. No es que fuera infeliz, todo lo contrario. Pero no podía seguir. No tardó en acabar con el sufrimiento. Él también se lo agradeció. Porque no podía vivir sabiendo que ella aún le quería.

O es le gustaba creer.

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